diciembre 7, 2023

Las Locas de la Plaza. ¿Cómo se referían a las Madres?

En un principio las Madres de Plaza de Mayo formaron parte indiferenciada de les familiares que buscaban a sus seres queridos, sin saber muy bien qué hacer, ni a dónde ir. Algunas de ellas participaban en los encuentros que se realizaban en la Liga Argentina por los Derechos del Hombre, que habían comenzado a juntarse antes del golpe de Estado, en febrero de 1976, instancia en donde se conformó la agrupación de Familiares de Desaparecidxs y Detenidxs por Razones Políticas. Sin embargo, no todes les familiares se incorporaron a ese nuevo grupo. Estaban quienes pensaban que no era necesario organizarse o consideraban que podía ser contraproducente; otres creían que la Liga “politizaba” la demanda de les detenidxs-desaparecidxs. A gran parte del grupo de las Madres las distanciaba que las gestiones más importantes quedaran en manos de les integrantes de la comisión. En tanto ellas no poseían experiencia política les costaba imponer su opinión ante el resto de les participantes de los encuentros, por lo que decidieron conformar un núcleo independiente dentro de les familiares, aunque continuaban participando de todas las iniciativas de resistencia, independientemente de quienes las impulsaran.

Un hecho emblemático en el proceso de gestación de la agrupación de las Madres fue la decisión de instalarse en la Plaza de Mayo. Fue Azucena Villaflorquien en la Vicaría castrense de la marina, uno de los lugares en donde les familiares presentaban sus denuncias, planteó la convocatoria. Muchas Madres recuerdan el momento en el que se paró en la antesala de la vicaría y en voz alta, como si no le importara que la oyeran los encargados de la seguridad, se dirigió a les familiares para convocarlos a la Plaza de Mayo. Un gesto de valentía y audacia, que quedó grabado en las Madres que la escucharon, y que repitió frente al Ministerio del Interior y en cuanto lugar se le presentara. En cierta medida esa manifestación explícita de Azucena modificó los límites entre aquello que podía ser dicho en el espacio público en aquel momento histórico. 

Ph Cristian González

Al hablar públicamente Azucena habilita a crear acuerdos colectivos para que esas mujeres, que hasta ese momento no tenían comunicación entre sí, comenzaran a contactarse. Una de las primeras disputas que podemos identificar, a partir de la ocupación del espacio público por parte de estas Madres, es aquella que está vinculada en relación a cómo eran nombradas. “Las locas de la Plaza” era la forma que utilizaban comúnmente los genocidas para referirse a las Madres, con el fin de descalificarlas moral y psíquicamente. ¿Por qué los grupos de tareas que habían secuestrado familias, torturado, violado, desaparecido a madres y embarazadas no utilizaban otro tipo de estrategia para callarlas? Según Ulises Gorini (2015) uno de los motivos fue la incomodidad que generaba enfrentar a mujeres que públicamente enarbolaban su condición de madre, figura consagrada y exaltada en los discursos oficiales de los propios genocidas. Es por esto que los genocidas utilizaron, en un principio, esta forma de alterización para escindir a esas mujeres de su condición maternal. Era una forma que les permitía justificar que, a pesar de ser madres, a esas mujeres no se las podía tomar en serio ya que se encontraban por fuera de los límites del cumplimiento de ese rol materno. A su vez, las Madres también sintieron, en un principio, que el ser mujeres y madres las protegía de la violencia física. Es por esto que estaban convencidas que corrían menos peligro que los hombres o les jóvenes en las manifestaciones y protestas (Feijóo y Gogna, 1987, p. 16).

La otra estrategia utilizada por los genocidas fue la de desalentar individualmente a cada una de las madres para que no fueran a la Plaza de Mayo, con el argumento de que eso podía agravar la situación de su hije. Si bien esto, inicialmente, funcionaba como un método de presión, luego, con el paso del tiempo, y ante la promesa incumplida del regreso de sus hijes, esas mujeres se incorporaban a la lucha junto con el resto de las Madres. Fue así que semana a semana se veía cómo aumentaba el número de concurrentes a la Plaza de Mayo. La cita de los jueves a las 15.30 horas se mantuvo regularmente –a excepción de algunos períodos–desde aquel primer encuentro del 30 de abril de 1977. Las convocatorias se transmitían de boca en boca entre les familiares. Además, se confeccionaban cadenas telefónicas y visitas a las casas de las Madres que todavía no se habían sumado, para incentivarlas a ocupar la Plaza. El primer objetivo colectivo que se fijaron las Madres fue reunir la mayor cantidad de firmas para poder presentar una carta a Videla solicitándole una entrevista, en tanto la mayoría de ellas todavía consideraba que el genocida desconocía la dimensión de lo que estaba sucediendo y, por lo tanto, debían explicárselo. Por tanto, si bien aquel primer día en la Plaza de Mayo ninguna de las Madres tuvo la intención de realizar una acusación abierta a Videla, aún así, hace 45 años, se estaba produciendo un acontecimiento político. Con el tiempo, aquella iniciativa cambiaría el rumbo de la historia argentina y se transformaría en un rasgo distintivo en la construcción de la identidad pública de las Madres.

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